Cuando eramos niños, nos pasabamos el curso esperando la llegada de las vacaciones. Sin embargo, a medida que pasaban, cada vez tenías mas ganas de volver a las clases.

En esto de programar pasa un poco lo mismo. Cuando estas metido en un proyecto en el que te pasas dias y dias escribiendo, probando código y peleandote con los ordenadores, lo que mas desea uno en el mundo es acabar con aquello. Sin embargo, una vez terminado y pasado un tiempo, después de disfrutar de un merecido descanso y del placer y de la potencia de ver aquello funcionando, nos entra el gusanillo de volver a la carga.

Existen muchos modelos para el ciclo de vida del software, es decir, diferentes maneras de enfrentarte al reto de como desarrollar sofware. Sin embargo, con el tiempo y despues de acumular muchas “horas de vuelo”, uno ya tiene mas o menos definida su pequeña estrategia. Son cosas de sentido común, pero que no va mal tenerlas presente.

Para empezar, es muy importante tener una visión global del sistema, de manera que, nuestro primer diseño, es interesante que lo abarque todo. Para ello van bien, por ejemplo, realizar el diagrama de casos de uso, el diagrama de clases, y algunos diagramas de comunicación y de secuencia. Además, existe software que sera capaz de generarnos, a partir de ellos, la arquitectura de la aplicación, es decir, el conjunto de todos los ficheros de clases que necesitaremos y la interrelación entre ellos.

Sin embargo, en el momento de empezar a implementar el software, a escribir el programa, es mejor seguir una estrategia en espiral.

cuya idea de fondo es sencilla: no pretender programarlo todo de golpe sino hacerlo de manera incremental. Para ello, empezamos seleccionando un pequeño conjunto del global de los objetivos de nuestro software, seleccionaremos las clases que nos permitiran asumirlos, las implementaremos y las probaremos. Llegados a este punto habremos dado una vuelta en la espiral ya que estaremos en condiciones de volver a empezar la misma rutina con otro pequeño conjunto de objetivos pero con la diferencia de que nuestro programa habrá crecido con respecto a la vuelta anterior y lo que allí nos propusimos estará funcionando.

Pues nada, teniendo ésto presente y sin mas preámbulos, nos ponemos el mono de programador y, por fin, ¡a programar!

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